Prepara la fruta: Tritúrala o cháfala (machácala) hasta tener un puré, o exprímela si es cítrico. Colarlo es opcional: queda más liso, pero pierdes parte de la pulpa. Si la fruta es kiwi, piña o papaya, hiérvelo 1–2 min antes de seguir.
Hidrata la gelatina. Espolvorea la gelatina «en lluvia» (es decir, repartida poco a poco por toda la superficie, no de golpe en un punto) sobre agua fría. Deja reposar 5–10 minutos hasta que se forme una pasta espesa. Este paso no es un capricho: la gelatina necesita absorber agua fría primero para disolverse después sin grumos.
Calienta sin hervir. Calienta el líquido (agua o parte del zumo) hasta que esté muy caliente pero sin que llegue a hervir. El hervor prolongado debilita la gelatina y las gominolas cuajarían peor.
Mezcla. Disuelve la gelatina hidratada en el líquido caliente, remueve hasta que esté totalmente transparente y mézclalo con el puré de fruta, suave y sin prisas para no meter burbujas.
Moldes y nevera. Rellena los moldes y a la nevera entre 3 y 6 horas según el tamaño. Mejor toda la noche.
El truco del desmoldado: si se resisten al salir, mete los moldes 10–15 minutos al congelador justo antes de desmoldar. Salen perfectas. (Congelador solo para esto: no para conservarlas.)