Prepara el zumo. Corta la sandía, saca la pulpa, tritúrala y cuélala hasta tener 350 g de zumo. Colar es opcional: la textura queda más fina, pero si prefieres conservar la pulpa, no cueles.
Hidrata la gelatina en el propio zumo. Separa 100 g del zumo (mejor frío) y espolvorea encima los 20 g de gelatina «en lluvia», es decir, repartida poco a poco por toda la superficie. Mezcla un poco y deja reposar 5–10 minutos, hasta que quede como una pasta espesa.
Calienta sin hervir. Calienta los 250 g de zumo restantes en un cazo o en el microondas hasta que estén muy calientes, pero sin que lleguen a hervir: el hervor debilita la gelatina y las gominolas cuajarían peor.
Mezcla. Añade la gelatina hidratada al zumo caliente y remueve muy bien hasta que esté completamente disuelta.
Moldes y nevera. Rellena los moldes y lleva a la nevera un mínimo de 6 horas. Si no tienes moldes, usa un táper y luego corta en cubitos.
Desmolda y disfruta. Si se resisten al salir, mete los moldes 10–15 minutos al congelador justo antes de desmoldar: salen enteras y con brillo. (Congelador solo para esto, no para conservarlas.)