Prepara la calabaza según como la tengas. Si está entera, pártela por la mitad de arriba abajo y quítale las semillas con una cuchara: no hace falta pelarla. Si la has comprado ya cortada, no tienes que hacer nada.
A la bandeja, sobre papel de hornear. Las mitades, con la cara cortada hacia abajo. Los trozos sueltos, en una sola capa y sin que se toquen: amontonados se cuecen en su propio vapor y el puré sale más aguado.
Al horno, 200 °C (400 °F). Las mitades, de 45 a 60 minutos. Los trozos, de 40 a 50 minutos. Está lista cuando el cuchillo entra sin ninguna resistencia.
Saca la carne. Si has asado mitades, dales la vuelta, deja que templen unos minutos y raspa con una cuchara hasta llegar a la piel. Los trozos van directos a la batidora.
Tritura con la batidora hasta que quede completamente fino.
Pásalo por un colador fino empujando con una espátula, para retirar la fibra. Son unos cinco minutos y es lo que da la textura sedosa.
A la sartén. La más amplia que tengas, fuego medio bajo, removiendo a menudo. Entre 15 y 25 minutos según lo aguada que viniera la calabaza, y unos minutos más si la has asado en mitades. Salpica como lava, así que tapa a medias entre vuelta y vuelta o baja el fuego.
Comprueba el punto con la prueba del surco. Pasa la espátula por el fondo: si el surco tarda un segundo en cerrarse, está listo. Si se cierra al instante, le falta.
Pésalo. De 1,2 kg (2,6 lb) de calabaza ya cortada salen unos 650 g (2½ cups) de puré espeso. Si tu receta pide una cantidad concreta, pesa lo que necesites y guarda el resto.
Enfríalo del todo antes de guardarlo, y también antes de usarlo en cualquier receta fría como una tarta de queso. Extendido en una bandeja o un plato pierde el calor en media hora; en un bote hondo puede tardar un par de horas. Para una crema, una guarnición o un bizcocho puedes usarlo templado sin problema.