Calienta la leche a 82–85°C en una olla, removiendo de vez en cuando. Si no tienes termómetro: muy caliente, con vapor, pero sin llegar a hervir. Si usas leche UHT puedes saltarte este paso y pasar directamente al siguiente.
Deja que la leche baje a 42–45°C. Si se ha formado una capa por encima, retírala. Si no tienes termómetro: como agua de ducha calentita.
Mezcla el yogur con un poco de la leche templada en un bol aparte, hasta que quede liso y sin grumos. Luego añádelo a la olla y remueve bien.
Tapa la olla, envuélvela en una toalla o manta y déjala fermentar en un sitio templado entre 6 y 10 horas, sin moverla. El horno apagado con la luz encendida va perfecto.
Cuando haya cuajado, mételo en la nevera un mínimo de 4 horas. Aquí es donde termina de coger cuerpo.
Aparta 40 g en un bote pequeño para usarlos como arranque de la siguiente tanda.
Para hacerlo tipo griego (opcional): cuélalo en la nevera con un colador forrado con una tela fina. De 1 a 2 horas queda muy cremoso; de 3 a 5 horas, bastante más espeso.