Cómo hacer nubes caseras con miel: la receta con 3 ingredientes
Miel, agua y gelatina. Eso es todo. Sin azúcar blanco, sin sirope de glucosa, sin claras de huevo y sin colorantes, y salen unas nubes que se estiran, rebotan y saben a miel de verdad.
Si alguna vez has buscado cómo hacer nubes caseras y has cerrado la pestaña al ver «sirope de glucosa» o «sirope de maíz» en los ingredientes, esta es tu receta. Ese ingrediente está ahí para que el jarabe no cristalice, y la miel hace exactamente el mismo trabajo. De paso, aporta un sabor que las nubes de bolsa no tienen ni de lejos.
Lo único que pide la receta es paciencia con dos cosas: llegar al punto correcto del jarabe (te explicamos cómo saberlo sin termómetro) y dejarlas reposar toda la noche. El resto es batidora y ya está.
Nubes, malvaviscos o marshmallows: es la misma receta
En España las llamamos nubes. En México y buena parte de Latinoamérica son malvaviscos, en Colombia masmelos, y mucha gente los llama directamente marshmallows, sobre todo si ha visto la receta en inglés. Es la misma golosina y esto sale igual en cualquier cocina. Solo hay tres nombres de ingredientes que conviene aclarar antes de empezar:
- La gelatina en polvo neutra es lo que en México se vende como grenetina. Los 16 g de la receta son 2 sobres de 7 g o 2 sobres de Knox.
- Cuando decimos miel, hablamos de miel de abeja. Ni miel de maíz ni Karo: precisamente la miel es lo que aquí sustituye al jarabe de maíz, así que usarlo sería volver al ingrediente que queremos evitar.
- El azúcar glas es el azúcar glass mexicano y el azúcar impalpable de Argentina. La maicena es la fécula de maíz.
Cómo hacer nubes caseras con miel, paso a paso
Nubes caseras con miel
Ingredientes
Para el jarabe
- 220 g miel clara azahar, acacia o milflores suave
- 80 g agua
- 1 pizca sal
Para la gelatina
- 80 g agua fría
- 16 g gelatina en polvo neutra, sin sabor
Para rebozar
- 30 g maicena
- 30 g azúcar glas opcional, se puede usar solo maicena
Instrucciones
- Hidrata la gelatina primero. Pon los 80 g de agua fría en el bol grande apto para alta temperatura y espolvorea por encima los 16 g de gelatina, en lluvia y repartida. No la eches de golpe en un montón. Déjala reposar 5-10 minutos: tiene que quedar como una gelatina temblona y sin polvo seco.
- Pon el jarabe al fuego. En un cazo u olla pequeña (la nuestra es de 18 cm de diámetro y 12 cm de altura), junta los 220 g de miel, los 80 g de agua y la pizca de sal. Remueve al principio solo para integrar.

- Hierve unos 10 minutos, hasta 115-118 °C. A partir de que rompa a hervir, no lo remuevas más. Vigílalo: la miel sube mucho. Si no tienes termómetro, mira el apartado de notas.

- Vierte el jarabe sobre la gelatina. Enciende las varillas a velocidad baja y ve echando la miel caliente en hilo fino y por la pared del bol, no directamente sobre las varillas.

- Sube a velocidad alta (8/10) y monta 5-10 minutos. Verás cómo pasa de líquido ámbar a una crema blanca y brillante que triplica su volumen. Está lista cuando al levantar la varilla se forma un hilo grueso que cae despacio y tarda en desaparecer en la superficie.
- Pasa la mezcla al molde. Un molde de 15 x 20 cm forrado con papel de horno engrasado. Vuélcala rápido, que espesa por momentos, y alisa con una espátula engrasada.

- Deja reposar 6 horas o toda la noche. A temperatura ambiente y sin tapar. Este paso no se acelera.
- Desmolda y corta en cubos con un cuchillo largo engrasado.

- Reboza en maicena, azúcar glas o una mezcla de las dos, para que no se peguen entre sí.

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Notas
- Sin termómetro: deja caer un poco de jarabe en un vaso de agua con hielo. Si puedes formar una bola blanda que se aplasta entre los dedos, es el punto.
- No las tapes ni las metas en la nevera a cuajar. La superficie necesita secarse al aire para poder cortarlas.
- La miel no es apta para menores de 12 meses.
- Se conservan 1 o 2 semanas en un recipiente hermético a temperatura ambiente. En la nevera se ponen pegajosas.
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Cómo saber si el jarabe está a 115-118 °C sin termómetro
Ese rango se llama punto de bola blanda, y se puede identificar con un vaso de agua muy fría. Es el método de toda la vida y funciona.
Ten preparado un vaso con agua del grifo y unos hielos. Cuando lleves unos 8 minutos de hervor:
- Coge un poquito de jarabe con una cucharilla y déjalo caer dentro del agua fría.
- Espera unos segundos y recógelo con los dedos.
- Si se deshace en el agua y no puedes cogerlo, le falta. Sigue hirviendo y prueba al minuto.
- Si puedes formar una bola blanda que se aplasta entre los dedos y no vuelve a su forma, ese es el punto. Fuera del fuego.
- Si la bola sale dura y quebradiza, te has pasado. Las nubes saldrán más densas y chiclosas, pero se comen igual.
Dos señales de apoyo que ayudan mientras esperas: el burbujeo pasa de burbujas grandes y perezosas a una espuma fina y densa, y el jarabe se vuelve visiblemente más espeso al mover el cazo.
Los cuatro puntos donde se estropea la receta
Elegir mal el tamaño del cazo. El punto dulce con estas cantidades es un cazo de unos 16-18 cm de diámetro y al menos 10 cm de alto. Si el cazo es muy ancho, el jarabe queda en una capa de un dedo escaso. Se evapora mucho más rápido, así que llega a los 115 °C bastante antes de los 10 minutos que dice la receta, y además no cubre el bulbo del termómetro, con lo que la lectura no es fiable. Si es muy pequeño, la miel se sale porque al hervir puede triplicar el volumen o más.
Verter el jarabe demasiado rápido. Si lo echas de golpe sobre las varillas en marcha, salpica jarabe a 116 °C (quema de verdad) y se solidifica en hilos de caramelo contra la pared fría del bol, que luego te quedan como tropezones duros dentro de la nube. Hilo fino, por la pared, con la máquina a velocidad baja.
Quedarse corto de batido. Si la paras cuando «ya está blanca», todavía no ha metido suficiente aire ni ha empezado a cuajar. La señal no es el color, es el hilo: al levantar la varilla tiene que caer una cinta gruesa que se queda un momento marcada en la superficie.
Taparlas o meterlas en la nevera a cuajar. La superficie necesita secarse al aire para formar esa película fina que permite cortarlas. Tapadas o en frío, la humedad se queda dentro y al día siguiente tienes una masa pegajosa imposible de manejar.
Nubes de gelatina, sin clara de huevo: por qué esta receta no la necesita
Si has mirado otras recetas de nubes, habrás visto que muchas montan clara de huevo aparte y la incorporan al final. Aquí no hace falta, y merece la pena entender por qué.
En una nube hay dos cosas que pueden sujetar el aire: la clara y la gelatina. La clara aporta volumen rápido y una textura más aireada y ligera, tipo merengue. La gelatina hace el trabajo estructural de verdad: al enfriar forma una red que atrapa las burbujas y las deja fijas para siempre.
Con 16 g de gelatina sobre este volumen de jarabe vas sobrado de estructura. La clara sería un extra de esponjosidad, no una necesidad, y a cambio te obliga a montar en dos boles, te deja dos yemas sueltas y mete huevo crudo en una receta que va a estar horas a temperatura ambiente.
Estas son, por tanto, nubes de gelatina: más densas y elásticas que las de clara, con más mordida y más rebote. Que es exactamente la textura de la nube de bolsa que todo el mundo tiene en la cabeza.
Cómo cortarlas y rebozarlas sin que se peguen
Engrasa un cuchillo largo con un papel de cocina y unas gotas de aceite suave, y limpia y vuelve a engrasar cada 4 o 5 cortes. Un cuchillo de sierra no va bien aquí: aplasta. Corte limpio de arriba abajo.
Para el rebozado, la mezcla clásica es mitad maicena y mitad azúcar glas. La maicena absorbe la humedad de la superficie y el azúcar glas aporta el acabado sedoso de las nubes de bolsa.
Solo con maicena también funciona y quedan menos dulces, pero el acabado es algo más mate y ligeramente harinoso al morder. Con azúcar glas solo, en cambio, no las recomendamos: el azúcar tira de la humedad de la nube por ósmosis y en unas horas tienes azúcar mojado.
Echa el rebozado en un bol, mete los cubos por tandas, agita y sacude el exceso con un colador. Reboza todas las caras, incluidas las del corte, que son las pegajosas.
Conservación: a temperatura ambiente, nunca en la nevera
En un recipiente hermético a temperatura ambiente aguantan 1 o 2 semanas perfectamente.
En la nevera no. La miel es higroscópica (atrae la humedad del ambiente) y la nevera es un sitio húmedo: el rebozado se disuelve, la superficie suda y acaban pegadas unas a otras. Estas nubes con miel son un poco más sensibles a eso que las clásicas de azúcar, así que el hermético es importante.
Congelar tampoco tiene mucho sentido: no se estropean, pero al descongelar sueltan agua y pierden el rebozado.
Si al cabo de unos días las notas pegajosas por fuera, dales una segunda vuelta de maicena y como nuevas.
Preguntas frecuentes sobre las nubes caseras
¿Se pueden hacer nubes sin sirope de glucosa?
Sí, y la miel es el mejor sustituto. El sirope de glucosa está en las recetas clásicas para impedir que el jarabe de azúcar recristalice y quede arenoso, y la miel hace exactamente ese mismo trabajo porque también es una mezcla de azúcares que no encajan en una red de cristales. Además aporta sabor, cosa que la glucosa no hace.
¿Estas nubes son sin azúcar?
No, y conviene decirlo claro: llevan 220 g de miel, y la miel es azúcar. Lo que no llevan es azúcar blanco refinado, sirope de glucosa, colorantes ni aromas artificiales. Son una golosina hecha en casa con tres ingredientes, no un postre bajo en azúcar.
¿Por qué mis nubes no montan?
Lo más habitual es que el jarabe no llegara a 115 °C. Por debajo de ese punto queda demasiada agua en la mezcla y la gelatina no consigue sujetar la espuma, así que sube un poco y se vuelve a bajar. La segunda causa es batir poco: la señal de que están listas no es que estén blancas, es que al levantar la varilla caiga un hilo grueso que tarda en desaparecer en la superficie.
¿Qué miel va mejor para hacer nubes?
Una miel clara y suave: azahar, acacia o una milflores de las claritas. Al hervir hasta 116 °C la miel concentra y tuesta su sabor, así que una miel oscura y potente (castaño, brezo, eucalipto) da una nube con un sabor muy dominante que no gusta a todo el mundo, sobre todo a los niños. Si solo tienes miel fuerte, sale igual de bien de textura; es solo cuestión de sabor.
¿Puedo usar gelatina en láminas en vez de en polvo?
Sí. 16 g de gelatina en polvo equivalen a unas 8 láminas de 2 g. Hidrátalas en agua fría abundante 5-10 minutos, escúrrelas bien apretando con la mano y ponlas en el bol con solo 2 o 3 cucharadas de agua, no con los 80 g de la receta: las láminas ya traen agua absorbida y si añades los 80 g completos la mezcla queda demasiado floja.
¿Cuánto duran las nubes caseras?
De 1 a 2 semanas en un recipiente hermético a temperatura ambiente. No las guardes en la nevera: la miel atrae la humedad, el rebozado se disuelve y acaban pegadas entre sí. Si con los días las notas pegajosas por fuera, dales otra vuelta de maicena y quedan como recién hechas.
¿Se pueden tostar al fuego?
Sí, y quedan estupendas, pero vigílalas. La miel tiene fructosa, que se dora antes que el azúcar común, así que se tuestan bastante más rápido que las nubes de bolsa: lo que en una comercial son diez segundos, aquí son tres o cuatro. Acércalas a las brasas, no a la llama.
¿Llevan huevo?
No. Muchas recetas de nubes o malvaviscos montan clara de huevo además de la gelatina, pero esta no lo necesita: la gelatina sola sujeta perfectamente el aire. Son aptas para alergia al huevo y te ahorras las yemas sobrantes. No son aptas para veganos, porque la gelatina es de origen animal.
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