Cinnamon rolls esponjosos recién glaseados en el molde

Cinnamon rolls esponjosos: la receta de rollos de canela que sale bien con cualquier levadura

Estos cinnamon rolls salen esponjosos de verdad. Se deshacen en la boca y al día siguiente siguen blandos 😋

Te contamos cómo hacerlos con la levadura que tengas en casa, sea fresca, seca activa o instantánea, con las equivalencias en gramos. Y cómo dejarlos formados en el congelador para hornearlos el día que te apetezca, que es probablemente la mejor idea de toda esta receta.

No son difíciles. Sí llevan su tiempo, sobre todo de espera. Suerte con lo de comerse solo uno 😅

Cómo lo hacemos en casa, paso a paso

Cinnamon rolls esponjosos

Cinnamon rolls caseros con una miga muy esponjosa que se separa en hebras, gracias a incorporar la mantequilla después del reposo de la harina. Con equivalencias para levadura fresca, seca activa e instantánea.
Tiempo de preparación45 minutos
Tiempo de cocción35 minutos
Levados3 horas
Tiempo Total4 horas 20 minutos
6 raciones

Ingredientes

Masa

  • 500 g harina de fuerza o de todo uso, pero van a subir menos
  • 235 g leche a temperatura ambiente
  • 1 huevo unos 50 g, a temperatura ambiente
  • 75 g azúcar
  • 7 g sal
  • 70 g mantequilla blanda a temperatura ambiente
  • 5,5 g levadura seca instantánea o 7 g de seca activa, o 15 g de fresca
  • 1 cucharadita extracto de vainilla opcional
  • 100 g nata (opcional) para una masa extra suave (si la añades, quita 90 g de leche).

Relleno

  • 90 g mantequilla blanda
  • 130 g azúcar preferiblemente moreno o panela
  • 12 g canela molida
  • 1 pizca sal

Glaseado

  • 20 g queso crema a temperatura ambiente
  • 40 g mantequilla a temperatura ambiente
  • 60 g azúcar glas
  • 30 g nata opcional, muy recomendable
  • 1 cucharadita extracto de vainilla opcional

Instrucciones

Preparamos la masa

  • Primero nos aclaramos con la levadura:
    Si es levadura instantánea, que es lo más fácil de usar: lo añadimos a la harina tal cual. 
    Si es levadura fresca, la vamos a disolver en leche tibia: rompemos la levadura en trocitos, mezclamos bien y la podemos usar directamente, no hace falta dejar reposar. 
    Y si es levadura seca activa (la que no es instantánea) la vamos a disolver también en leche antes de mezclar, pero aquí hay un detalle MUY importante: la leche tiene que estar tibia a unos 35 – 40 grados, no simplemente a temperatura ambiente como para la levadura fresca. Y la vamos a dejar reposar unos 10 minutos. 
    Si tienes la levadura seca y no sabes si es normal o instantánea, lee las instrucciones y ahí normalmente pone si hay que activarla en la leche o si se puede usarla directamente con la harina. 
  • En un bol pon la leche, el huevo y el azúcar. Si usas levadura fresca o seca activa, ya la tendrás disuelta dentro de la leche (mira el paso 1). Mezcla con unas varillas o un tenedor hasta que quede uniforme. No hace falta batir de más.
  • Incorpora la harina y la sal. Si vas a mano, añade la harina poco a poco mientras mezclas: empieza con una espátula y pasa pronto a las manos. Si usas amasadora, échala toda de golpe, pon el gancho y velocidad baja. Si usas levadura seca instantánea, añádela en este paso.
    Aquí no buscamos una masa bonita. Solo que no quede harina seca. En cuanto no la haya, para.
  • Deja reposar 20 minutos, tapado. En ese rato la harina se hidrata y el gluten empieza a formarse solo, sin que tengas que amasar. Luego la masa se maneja mucho mejor.
    Si tienes prisa te lo puedes saltar, no es crítico. Pero si lo haces, el siguiente paso te costará más.
  • Ahora la mantequilla, que es lo más entretenido. Necesitas 70 g y es clave que esté blanda pero no líquida: tiene que ceder al presionarla con el dedo. Si está dura, dale 30 segundos en el microondas a baja potencia. Si se te derrite, métela unos minutos en la nevera hasta que vuelva a estar blanda.
    Se añade por tercios, y no pasas al siguiente tercio hasta que el anterior ha desaparecido del todo dentro de la masa.
    Con amasadora: gancho, velocidad baja. Cada tercio tarda unos 3 minutos en integrarse. Cuando esté toda dentro, amasa 3 minutos más.
    A mano: pon el primer tercio sobre la masa y, con la base de la palma (la parte de abajo, cerca de la muñeca), empuja la masa hacia delante aplastándola contra la encimera. Recógela, dóblala sobre sí misma, gírala un poco y repite.
    Al principio parecerá un desastre. La masa se rompe, resbala y se pega por todas partes. Es completamente normal. Sigue empujando y doblando y en un par de minutos la mantequilla desaparece y la masa vuelve a unirse. Entonces añades el segundo tercio, y después el tercero. En total, unos 15 minutos.
    Dos trucos. Si tienes las manos calientes y la masa se pone muy aceitosa, pásate las manos por agua fría y sécalas antes de seguir. Y si ves que no avanza, mete la masa unos minutos en la nevera y vuelve.
    Sabrás que has terminado cuando la masa esté lisa, brillante y elástica, y se despegue de la encimera casi sola.

El primer levado

  • Forma una bola, ponla en un bol ligeramente engrasado y tápala con un paño o con film.
    cinnamon rolls esponjosos - reposo masa 20 minutos V2
  • Ahora hay que esperar a que aumente un 80 % aproximadamente. A 25 grados puede tardar hora y media; a 18 grados se puede ir a tres horas. Guíate por el volumen, no por el reloj: en fermentación la temperatura de tu cocina manda más que cualquier tiempo que te digamos.
    También puedes dejarla fermentar en la nevera hasta 12 horas. En ese caso, cuando la saques espera igualmente a que haya crecido ese 80 % antes de seguir.
    cinnamon rolls esponjosos - masa despues de reposo

Formamos los rollitos

  • Si quieres que formar los rollitos sea lo más fácil posible, mete la masa una hora en la nevera. Es opcional, pero si no tienes mucha práctica manejando masas, esto cambia mucho la experiencia: fría se estira sin resistirse y no se pega.
  • Prepara el relleno. Mezcla en un bol los 130 g de azúcar moreno, los 12 g de canela y la pizca de sal. Aparte, ten listos los 90 g de mantequilla blanda.
    cinnamon rolls esponjosos - prepara el relleno
  • Prepara el molde. Vale cualquiera de unos 20×30 cm, rectangular o redondo. El metal dora más la base; la cerámica y el cristal dan bordes más tiernos. Pon papel de horno y engrásalo, o engrasa el molde directamente. Con papel te aseguras de que no se pega nada.
  • Engrasa la encimera con una capa muy fina de aceite neutro o mantequilla. Muy poquito.
  • Pon la masa encima y estírala con las manos y el rodillo hasta un rectángulo de medio centímetro de grosor, más o menos de 30×50 cm.
  • Reparte la mantequilla blanda por toda la superficie.
  • Espolvorea el relleno de azúcar y canela por encima, llegando hasta los bordes.
  • Corta en tiras. A nosotros nos gustan las tiras largas, porque así cada rollito tiene más vueltas y el remolino queda mucho más marcado. Corta tiras de 4 o 5 cm de ancho: en un molde rectangular suelen caber 6 rollitos grandes; en uno redondo hacemos 7, uno en el centro y 6 alrededor.
    Haz primero unas marcas para que todas las tiras salgan iguales, y corta con cuchillo o con cortador de pizza.
  • Enrolla cada tira sobre sí misma en espiral y colócalas en el molde, separadas 1 cm entre ellas. Necesitan ese hueco para crecer y luego juntarse en el horno.

El segundo levado

  • Ahora los rollitos tienen que subir otra vez.
    A temperatura ambiente tardan 1 o 2 horas. Están listos cuando los tocas con un dedo y queda una huella ligera que no vuelve del todo. No te obsesiones con el punto exacto: si han pasado un par de horas y los ves claramente hinchados, ya está.
    También puedes dejarlos en la nevera hasta el día siguiente, o congelarlos. Lo explicamos entero un poco más abajo.
  • Cuando estén casi a punto, precalienta el horno a 180 grados, calor arriba y abajo.

Al horno

  • Antes de meterlos, pinta o riega los rollitos con un poco de nata por encima. Es opcional, pero los deja bastante más tiernos: la nata se absorbe por la superficie y por los huecos entre rollitos, y hace de barrera contra la sequedad.
    cinnamon rolls esponjosos - riega los rollitos con nata antes del horneado
  • Al horno en la posición media-baja, 180 grados, unos 35 minutos, hasta que estén ligeramente dorados. Si tienes termómetro, el centro debe marcar unos 92 grados.
    Si tu horno dora mucho por arriba, hay riesgo de que se tuesten por fuera antes de estar hechos por dentro. En ese caso, pon una bandeja vacía en la posición superior o cúbrelos con papel de aluminio a media cocción.

El glaseado de queso crema

  • Técnicamente te los puedes comer tal cual. Pero el glaseado les da mucha alegría, y hemos probado bastantes fórmulas antes de quedarnos con esta.
    Bate a mano o con varillas eléctricas el queso crema y la mantequilla, los dos a temperatura ambiente, hasta que estén bien integrados y sin grumos. Opcional: añade una cucharadita de extracto de vainilla.
  • Añade el azúcar glas y sigue batiendo hasta que quede una crema lisa.
  • Opcional, pero para nosotros es la mitad de la magia: añade la nata (o leche, si no tienes) y bate hasta que quede uniforme y ligeramente fluida.
    Se pone sobre los rollitos recién sacados del horno, en caliente. Así una parte se funde y se cuela por las grietas, y la otra se queda encima. Si esperas a que se enfríen, se queda todo en la superficie y no es lo mismo.

Notas

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Por qué estos cinnamon rolls salen tan esponjosos

Qué harina usar (y qué pasa si solo tienes la de todo uso)

Lo ideal es harina de fuerza, que es la que tiene más proteína (por encima del 12 %) y aguanta mejor tanta mantequilla y tanto azúcar sin venirse abajo.

Pero si solo tienes harina de todo uso, úsala sin miedo. La receta funciona igual. Los rollitos subirán un poco menos y quedarán algo menos altos, y ya está. No merece la pena bajar al súper por eso.

Lo que no funciona es la harina de repostería, que tiene todavía menos proteína y deja la masa sin fuerza.

El truco: la mantequilla va después, no al principio

Casi todas las recetas te dicen que mezcles todo a la vez. Nosotros hacemos otra cosa: primero la harina, la leche, el huevo, el azúcar y la sal, un reposo corto, y solo entonces la mantequilla, poco a poco.

La diferencia se ve y se nota.

Si echas toda la mantequilla al principio, los rollitos salen más bajos y con una miga más apretada. Si la añades después, salen más altos, más aireados y con esa textura en tiras que hace que la miga se separe en hebras.

El motivo es el gluten. El gluten es la red que da estructura y altura a la masa, y se forma cuando la harina se hidrata y se trabaja. La grasa hace justo lo contrario: recubre las proteínas de la harina y les dificulta unirse entre ellas. Si metes la mantequilla desde el minuto uno, esa red se forma a medias.

Dejando que la harina y el gluten arranquen primero, y añadiendo la mantequilla cuando la estructura ya está montada, la grasa entra a ablandar sin estorbar. Resultado: un rollito más alto y con más hebra.

Es un paso extra de diez minutos. Es el paso que hace la receta.

Qué levadura usar: fresca, seca activa o instantánea

Esta es la duda que más nos llega, así que la resolvemos entera.

Las tres funcionan y las tres dan el mismo resultado. Lo que cambia es la cantidad y cómo se incorporan.

Tabla de equivalencias

Tipo de levaduraPara esta receta (500 g de harina)Cómo se usa
Seca instantánea5,5 gDirecta a la harina, sin activar
Seca activa (la normal)7 gSe disuelve en leche tibia y reposa 10 min
Fresca (prensada)16 gSe disuelve en la leche a temperatura ambiente

La regla general, por si la quieres para otras recetas: la levadura fresca pesa unas tres veces más que la seca instantánea, y la seca activa está justo en medio. Un sobre de levadura seca de panadero de los que se venden en España suele traer entre 5,5 y 7 g, así que para esta receta te vale un sobre entero.

Cuidado con no confundirla con la levadura química (tipo Royal, la del bizcocho). Esa no sirve aquí. Necesitas levadura de panadero, que es un ser vivo y hace subir la masa fermentando; la química reacciona en el horno y no da esta miga.

Cómo se usa cada una

Si tienes levadura seca instantánea, que es la más cómoda de todas: la añades a la harina tal cual, en seco, y ya está. No hay que activarla ni esperar.

Si tienes levadura fresca: la desmenuzas en trocitos dentro de la leche, mezclas bien y la usas directamente. No hace falta dejarla reposar y la leche puede estar a temperatura ambiente.

Si tienes levadura seca activa (la que no es instantánea), hay un detalle importante: la leche tiene que estar tibia, entre 35 y 40 grados, no a temperatura ambiente. La disuelves ahí, la dejas reposar 10 minutos y verás que se pone espumosa. Si a los 10 minutos no ha hecho nada, la levadura está muerta y hay que empezar de nuevo con otra.

Y si tienes un sobre de levadura seca y no sabes de cuál de las dos es: lee las instrucciones del paquete. Ahí siempre pone si hay que activarla en líquido o si se puede echar directamente con la harina.

Adáptalos a tu horario: nevera y congelador

Esta parte es la que más nos ha cambiado la vida, así que va aparte.

Para desayunar recién hechos mañana. Forma los rollitos, ponlos en el molde y mételos en la nevera tapados. Por la mañana los sacas, esperas a que terminen de subir a temperatura ambiente (una o dos horas, porque salen fríos) y horneas.

Para tenerlos en el congelador. Forma los rollitos, ponlos en el molde y directamente al congelador tal cual, molde incluido. Aguantan sin problema.

El día que los quieras: la noche anterior pasas el molde del congelador a la nevera, por la mañana lo sacas a temperatura ambiente y esperas a que suban. Puede tardar dos horas o más, ten paciencia, salen muy fríos.

No hay mucho que dé más felicidad que unos cinnamon rolls esperando su momento en el congelador.

La masa también se puede parar. Si te pilla el toro después del primer levado, mete la masa entera en la nevera hasta 12 horas. Al sacarla, deja que recupere volumen y sigue desde el formado.

Los cinco fallos que dejan los cinnamon rolls secos, bajos o crudos por dentro

1. Pasarse de horno. Treinta y cinco minutos es el punto con estas cantidades. Cada cinco minutos de más son bastante sequedad. Si tienes termómetro, 92 grados en el centro y fuera.

2. Rollitos pegados en el molde. Si los pones tocándose, no tienen sitio para crecer hacia arriba y salen aplastados por los lados y crudos por el centro. Un centímetro de separación.

3. Levado corto. Si los metes al horno antes de tiempo salen densos, por muy bien que hayas amasado. La prueba del dedo es fiable: huella ligera que no vuelve del todo.

4. Levadura mal usada. La seca activa en leche fría no arranca. La leche a más de 50 grados la mata. Y la levadura química no sirve para esto. Es el error que más veces está detrás de un «no me ha subido nada».

5. Toda la mantequilla al principio. Es el más común y el que más se nota. Miga apretada y rollitos bajos. Ya lo hemos explicado arriba: la grasa entorpece la formación del gluten.

Cómo conservarlos tiernos al día siguiente

En un recipiente hermético, a temperatura ambiente, aguantan 2 o 3 días en buen estado. En la nevera no: el frío acelera el endurecimiento del almidón y al día siguiente están más secos que fuera.

Para recalentarlos, 15 o 20 segundos en el microondas y vuelven a estar como recién hechos. Si están ya glaseados, cuidado, que el glaseado se derrite del todo.

Y si te sobran muchos, ya horneados también se congelan. Los descongelas a temperatura ambiente y les das ese golpe corto de microondas.

Preguntas frecuentes sobre los cinnamon rolls

¿Puedo usar harina normal en vez de harina de fuerza?

Sí, la receta funciona igual. La diferencia es que la harina de fuerza tiene más proteína (por encima del 12 %) y forma una red de gluten más resistente, así que aguanta mejor tanta mantequilla y tanto azúcar y da rollitos algo más altos. Con harina de todo uso subirán un poco menos y quedarán algo más compactos, pero perfectamente ricos. Lo que no recomendamos es la harina de repostería, que tiene todavía menos proteína y deja la masa sin fuerza.

¿Cuánta levadura fresca equivale a un sobre de levadura seca?

Para esta receta, con 500 g de harina, las equivalencias son 5,5 g de levadura seca instantánea, 7 g de levadura seca activa o 16 g de levadura fresca. La regla que puedes aplicar a otras recetas es que la fresca pesa unas tres veces más que la instantánea, y la seca activa se queda justo en medio. Los sobres de levadura seca de panadero que se venden en España suelen traer entre 5,5 y 7 g, así que uno entero te sirve.

¿Por qué mis cinnamon rolls quedan secos o duros?

Las dos causas más habituales son el exceso de horno y la mantequilla añadida al principio. Con estas cantidades, 35 minutos a 180 grados es el punto: cada cinco minutos de más se notan mucho en sequedad, y si tienes termómetro, el centro debe marcar unos 92 grados y fuera. La segunda causa es de textura: si echas toda la mantequilla junto al resto de ingredientes, la grasa entorpece la formación del gluten y la miga sale apretada en vez de esponjosa. Incorporarla por tercios después de un reposo de 20 minutos cambia el resultado por completo.

¿Por qué no me suben los rollitos?

Casi siempre es un problema de levadura, no de amasado. Si usaste levadura seca activa y la disolviste en leche fría, no llegó a arrancar: necesita leche tibia, entre 35 y 40 grados, y 10 minutos de reposo hasta que espume. Si la leche estaba muy caliente, por encima de 50 grados, la levadura murió directamente. Y si usaste levadura química tipo Royal, esa no sirve para esta receta: necesitas levadura de panadero. La otra causa posible es la temperatura de la cocina: a 18 grados la masa puede tardar tres horas en hacer lo que a 25 grados hace en hora y media.

¿Puedo dejar la masa en la nevera de un día para otro?

Sí, hasta 12 horas después del primer amasado. El frío ralentiza la fermentación sin pararla, así que la masa sigue trabajando despacio y de paso coge algo más de sabor. Cuando la saques, espera igualmente a que haya aumentado ese 80 % de volumen antes de formar los rollitos, aunque eso signifique tenerla un par de horas fuera.

¿Se pueden congelar los cinnamon rolls?

Sí, y es la mejor forma de organizarse. Lo que mejor funciona es congelarlos ya formados, en el molde, antes del segundo levado: la noche anterior pasas el molde a la nevera, por la mañana lo sacas a temperatura ambiente, esperas a que suban (una o dos horas o más, porque salen fríos) y horneas. También se pueden congelar ya horneados: se descongelan a temperatura ambiente y se les da un golpe corto de microondas.

¿Se pueden hacer a mano, sin amasadora?

Sí, sin ningún problema, y de hecho la receta está pensada para poder hacerse así. La parte que cuesta es incorporar la mantequilla, que a mano lleva unos 8 a 10 minutos empujando la masa con la base de la palma, doblándola y girándola. Al principio la masa se romperá y resbalará por todas partes, es normal y se arregla solo si sigues. Si se te pone muy aceitosa porque tienes las manos calientes, pásate agua fría por las manos o mete la masa unos minutos en la nevera.

¿Se pueden hacer con masa madre?

Sí, y salen incluso más buenos: la fermentación larga da más sabor y una miga todavía más tierna. Estamos preparando la receta con masa madre y la publicamos muy pronto, con sus tiempos y sus cantidades, que no son una conversión directa de esta. Si no quieres perdértela, guarda esta página o suscríbete.

¿Se pueden hacer con hojaldre o con masa comprada?

Se pueden, pero es otra receta y otro resultado. Con hojaldre salen unos rollitos crujientes y hojaldrados, ricos pero completamente distintos: no tienen miga esponjosa porque no hay fermentación de por medio. Si lo que buscas es el rollito tierno que se deshace en hebras, necesitas masa levada como la de aquí. La ventaja del hojaldre es que pasas de tres horas a media.

¿Cómo hago el glaseado sin queso crema?

La versión más sencilla es azúcar glas con un poco de leche o nata, batido hasta que quede una crema fluida que caiga en hilo. Va bien y es lo que se pone en muchas panaderías, pero queda más dulce y más plano, porque el queso crema es justo lo que aporta el punto ácido que equilibra tanto azúcar. Si quieres algo intermedio, sustituye el queso crema por yogur griego bien escurrido, o añade unas gotas de zumo de limón al glaseado de azúcar y leche.

¿Se pueden hacer en Thermomix?

Sí, y el amasado se simplifica bastante. La lógica de la receta no cambia: mezcla primero los líquidos con el azúcar, añade harina y sal y amasa lo justo, deja el reposo de 20 minutos con el vaso tapado, y después incorpora la mantequilla blanda por tercios amasando entre tanda y tanda. Lo importante es respetar el reposo y la incorporación en tres veces, porque es lo que hace que la miga salga esponjosa; si echas todo de golpe, tendrás los mismos rollitos apretados que con cualquier otro método.

¿Por qué se me sale el relleno al hornear?

Casi siempre es porque el relleno llegaba hasta el borde exacto de la tira, o porque los rollitos se enrollaron demasiado flojos. Deja un dedo sin relleno en el borde donde termina el enrollado y aprieta un poco al cerrar, para que la espiral quede sujeta. Algo de caramelo saliendo por abajo es inevitable y además está buenísimo: por eso el papel de horno merece la pena.

¿Cuánto duran y cómo se recalientan?

En un recipiente hermético, a temperatura ambiente, aguantan 2 o 3 días. En la nevera no los guardes: el frío acelera el endurecimiento del almidón y al día siguiente estarán más secos que si los dejas fuera. Para recalentarlos, 15 o 20 segundos en el microondas y vuelven a estar como recién hechos, aunque si ya llevan glaseado ten en cuenta que se derretirá del todo.

¿Cuál de las tres levaduras es mejor?

Para esta receta las tres dan prácticamente el mismo resultado, así que la respuesta corta es: la que tengas en casa. Dicho eso, nosotros preferimos la fresca, y la razón principal es la lista de ingredientes: la levadura fresca es levadura y agua, punto. Las secas suelen llevar además un emulgente, normalmente monoestearato de sorbitano (E491), y a veces ácido ascórbico, que es vitamina C y ahí hace de mejorante de la masa. Van en cantidades mínimas y están perfectamente autorizados, pero cuando podemos elegir nos quedamos con la etiqueta más corta. También nos gusta más el aroma que deja la fresca en la masa, aunque en un rollito con tanta canela ese matiz se nota poco.
La contrapartida es práctica y no es menor: la levadura fresca aguanta unas dos semanas en la nevera y la seca dura casi un año en el armario. Si horneas de vez en cuando, la instantánea es mucho más cómoda y no acabas tirando medio paquete cada mes. Nosotros tenemos las dos: fresca cuando sabemos que vamos a amasar esa semana, y un bote de instantánea para los antojos de última hora.

¿Cómo sé si mi levadura está en buen estado?

La forma segura de saberlo es despertarla antes de meterla en la masa, y son diez minutos bien invertidos. Disuelve la levadura que pide la receta en unos 100 g de leche o agua tibia (35 a 40 grados, que es la temperatura de un baño caliente) con una cucharadita de azúcar, y espera. Si a los 10 o 15 minutos tienes una capa de espuma en la superficie, está viva y puedes seguir con la receta usando ese líquido como parte de la leche. Si no ha pasado nada, tírala y compra otra: no la salves echando más cantidad, porque levadura muerta por mucha que pongas sigue muerta.
Este truco vale para las tres. La instantánea no necesita activarse, pero también hace espuma, así que si tienes dudas del bote, compruébalo igual antes de arruinar medio kilo de harina. Dos avisos: el líquido no puede pasar de 50 grados, porque a partir de ahí la matas tú, y no eches sal en la prueba, que frena la fermentación y te da un falso negativo.
Antes de llegar a la prueba, la levadura fresca se ve. Tiene que ser de un beige uniforme, romperse limpia y desmigarse como un queso fresco firme. Si tiene manchas oscuras o grisáceas, los bordes secos y acartonados, o se ha vuelto pegajosa y se unta en vez de desmigarse, ya no está. El olor también lo dice: la buena huele a pan y a fermento; si huele agria, avinagrada o con un punto a acetona, a la basura.
En la seca no hay señales visuales, así que lo que manda es cómo la has guardado, mucho más que la fecha del paquete. Un sobre cerrado en el armario aguanta perfectamente hasta su fecha. Uno abierto y dejado en el mismo armario pierde fuerza en semanas, porque la humedad y el aire son sus enemigos. Guarda la seca abierta en un bote hermético en la nevera y te dura meses; en el congelador, más de un año, y se usa directamente sin descongelar.
Y si ya has hecho la masa y no sube, no la tires todavía. Una levadura debilitada pero viva solo necesita más tiempo y más calor: dale un par de horas más en el sitio más templado de la casa antes de decidir nada.

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