Si quieres que formar los rollitos sea lo más fácil posible, mete la masa una hora en la nevera. Es opcional, pero si no tienes mucha práctica manejando masas, esto cambia mucho la experiencia: fría se estira sin resistirse y no se pega.
Prepara el relleno. Mezcla en un bol los 130 g (½ taza + 2 cdas) de azúcar moreno, los 12 g (1½ cdas) de canela y la pizca de sal. Aparte, ten listos los 90 g (6 cdas + 1 cdta) de mantequilla blanda.
Prepara el molde. Vale uno rectangular de unos 20×30 cm (8×12 pulg) o uno redondo de 22 cm (9 pulg). El metal dora más la base; la cerámica y el cristal dan bordes más tiernos. Pon papel de horno y engrásalo, o engrasa el molde directamente. Con papel te aseguras de que no se pega nada.
Engrasa la encimera con una capa muy fina de aceite neutro o mantequilla. Muy poquito.
Pon la masa encima y estírala con las manos y el rodillo hasta un rectángulo de ½ cm (¼ pulg) de grosor, más o menos de 30×50 cm (12×20 pulg).
Reparte la mantequilla blanda por toda la superficie.
Espolvorea el relleno de azúcar y canela por encima, llegando hasta los bordes.
Corta en tiras. A nosotros nos gustan las tiras largas, porque así cada rollito tiene más vueltas y el remolino queda mucho más marcado. Corta tiras de 4 o 5 cm (1½ a 2 pulg) de ancho: en un molde rectangular suelen caber 6 rollitos grandes; en uno redondo hacemos 7, uno en el centro y 6 alrededor.Haz primero unas marcas para que todas las tiras salgan iguales, y corta con cuchillo o con cortador de pizza. Enrolla cada tira sobre sí misma en espiral y colócalas en el molde, separadas 1 cm (⅜ pulg) entre ellas. Necesitan ese hueco para crecer y luego juntarse en el horno.