Mezcla los 1,5 g de bicarbonato en un vasito con una cucharada de la harina, para que se reparta bien.
Junta en un bol la harina, el cacao, los 75 g de azúcar glas, la sal y la mezcla del vasito. Pásalo todo por un colador fino a otro bol, aplastando contra la malla las bolitas que se resistan.
Añade los 90 g de mantequilla fría en cubos y remueve para que queden rebozados. Mezcla con las yemas de los dedos, aplastando cada cubo entre el pulgar y los dedos, durante 2 o 3 minutos, hasta tener migas irregulares. Sacude el bol cada 30 segundos para que suban los trozos grandes.
Reparte por encima la leche fría y la vainilla en varios puntos. Remueve y luego aprieta la masa contra el fondo del bol cinco o seis veces, hasta formar una bola. Si se desmiga, añade 5 g de mantequilla blanda y da dos compresiones más.
Aplasta la masa con las manos en un disco de unos 15 cm y 2-3 cm de alto, envuélvela en film y déjala 30 minutos en la nevera.
Haz bolitas de 12 g (unos 2 cm) y colócalas en la bandeja separadas 3 cm.
Aplasta cada bolita con la base de un vaso, bajando recto y sin girar, hasta dejarlas de 5 a 7 mm. Si el vaso se pega, moja la base en cacao.
Mete la bandeja en el congelador 20 minutos. Mientras, precalienta el horno a 170 °C, calor arriba y abajo.
Hornea una sola bandeja cada vez, en la posición central, de 13 a 15 minutos. Están listas cuando la superficie pasa de brillante a mate y ya no tiemblan al mover la bandeja.
Deja la bandeja 5 minutos en la encimera, pasa las obleas a una rejilla y espera 30 minutos a que se enfríen del todo.