Hidrata la gelatina. Pon los 75 g (5 tbsp) de agua fría en un cuenco pequeño y espolvorea por encima los 14 g (½ oz) de gelatina, repartidos. Déjalo 10 minutos sin tocar, hasta que quede como una esponja compacta.
Bate el queso. En un bol grande, bate los 600 g (21 oz) de queso crema con varillas eléctricas a velocidad media 1 o 2 minutos, hasta que esté liso y brillante.
Añade el azúcar. Incorpora los 100 g (½ cup) de azúcar o panela en dos tandas, batiendo 30 segundos tras cada una, hasta que no se vean grumos.
Puré y especias. Añade los 500 g (2 cups) de puré frío, los 8 g (1 tbsp) de canela, 3 g (½ tsp) de sal y, si los usas, el extracto de vainilla, el jengibre, la nuez moscada, el clavo y la cúrcuma. Mezcla la cúrcuma con el resto de especias en un cuenco antes de echarla, o dejará puntitos amarillos. Bate a velocidad baja solo hasta que el color sea uniforme, de 40 a 50 segundos, no más.
Monta la nata muy poco. Monta los 300 g (1¼ cups) de nata solo hasta que al levantar las varillas caiga en un hilo un poquito espeso. Aquí es mejor quedarse corto que pasarse: a picos firmes se corta al integrarla y salen grumos de mantequilla.
Funde y templa la gelatina. Funde la gelatina hidratada 12 o 15 segundos en el microondas, o al baño maría removiendo, hasta que quede líquida y transparente. Que no hierva: por encima de 80 °C (175 °F) pierde fuerza de cuajado. Echa 3 cucharadas de la crema de calabaza dentro del cuenco de la gelatina y remueve rápido para igualar temperaturas.
Incorpórala sin pausas. Vuelca esa mezcla templada en el bol de la crema y bate a velocidad baja 20 segundos, sin pararte a hacer otra cosa: la gelatina empieza a cuajar en cuanto toca la crema fría.
Integra la nata. Con espátula de silicona y con cariño: baja por el centro, arrastra por el fondo, sube por la pared y gira el bol un cuarto de vuelta. Repite hasta que no veas vetas blancas, y para ahí.