Separa las claras de las yemas: Empieza separando las claras de las yemas. Es importante que el bol de las claras esté limpio y que no caiga nada de yema dentro, porque la grasa de la yema puede dificultar que las claras monten bien. Si cae un poco de clara en el bol de las yemas, no pasa nada.
Mezcla las yemas con la leche: Añade la leche al bol de las yemas y mezcla un poco, solo hasta integrar. Es mejor que la leche esté a temperatura ambiente. Si la tienes fría de la nevera, puedes calentarla unos 15–20 segundos en el microondas, solo para quitarle el frío.
Añade la harina sin sobrebatir: Ahora añade la harina. Para evitar grumos grandes, lo más fácil es tamizarla por encima mientras mezclas. Puedes usar un tamizador de harina o simplemente un colador fino. Aquí hay un punto importante: no hay que batir demasiado esta mezcla. Mezcla solo hasta que no veas harina seca. Si queda algún pequeño grumo, no pasa nada. Es mejor tener algún grumo que sobrebatir la masa. Cuando batimos mucho la harina con la leche, se puede desarrollar más gluten, y en esta receta queremos conseguir pancakes tiernos y esponjosos, no una masa elástica o pesada.
Monta las claras con el azúcar: Ahora vamos con las claras. Bate las claras a velocidad baja al principio, sin añadir todavía el azúcar. Cuando empiecen a aparecer burbujas grandes y blancas, parecidas a espuma de jabón, añade el azúcar poco a poco. Después sube la velocidad a media-alta y sigue batiendo hasta conseguir picos suaves. El punto correcto es cuando levantas la varilla y se forma una punta suave, como una pequeña garra curvada. No buscamos un merengue seco y duro, sino unas claras montadas con aire, estructura y fáciles de integrar.
Integra las claras en la masa: Añade una parte de las claras montadas a la mezcla de yemas, leche y harina. Mezcla con movimientos suaves y envolventes. Esta primera parte ayuda a aligerar la masa. Después añade el resto de las claras poco a poco, integrando con cuidado para no perder todo el aire que hemos incorporado. No hace falta que la masa quede completamente lisa. Lo importante es que quede ligera, aireada y sin grandes zonas de merengue sin integrar.
Cocina las tortitas a fuego medio-bajo: Calienta una sartén a fuego medio-bajo y añade un poco de mantequilla o aceite. Pon porciones de masa en la sartén con una cuchara, una espátula o una manga pastelera. Si quieres tortitas más altas, puedes poner una primera capa de masa y añadir un poco más encima. Tapa la sartén para que se cocinen de forma más uniforme. Cocina las tortitas unos 2–3 minutos antes de darles la vuelta. Sabrás que están listas cuando la base esté dorada y la parte de arriba ya no brille como masa cruda: tiene que verse más mate y un poco firme. Dales la vuelta con cuidado y cocina por el otro lado hasta que estén doraditas.